Sexólogo en Córdoba | Sexualidad Femenina: Búsqueda del placer
  • Sexualidad femenina: la búsqueda del placer entre mitos y tabúes

    Sexualidad femenina: la búsqueda del placer entre mitos y tabúes

    La sexualidad femenina y sus tabúes

    La sexualidad femenina es una construcción social y se encuentra atravesada por normas, creencias, fantasías y mitos que se van construyendo y perpetuando en el imaginario colectivo.

    Existen mitos sobre la sexualidad femenina que actúan como un condicionante más que influirá en las relaciones entre varones y mujeres y que es bueno comenzar a derribar.

    “La respuesta sexual femenina y masculina es una repuesta emocional del sistema sexual ante el estímulo endógeno o exógeno de carácter erótico. Es un fenómeno que implica cambios fisiológicos, mentales y que tiene fuertes implicancias interpersonales y sociales”, explica Raúl Alberto Belén, doctor en Medicina y Cirugía, Urólogo, Sexólogo y Andrólogo, quien fue uno de los disertantes de la conferencia “Sexualidad en la Mujer”, que organizó en abril el Instituto Modelo de Cardiología (IMC).

    Alejandra Martínez de la Torre, psicóloga clínica e integrante del Departamento de Salud Mental del IMC, opina que, mientras durante años se impuso un modelo que tendía a cercenar el placer de la mujer en la relación sexual –intentando crear una relación directa entre mujer, sexo y reproducción–, ese paradigma posteriormente fue reemplazado por un concepto de liberación que consistía en igualar condiciones entre ambos géneros o reducirlas a la idea de encuentros casuales o vínculos basados en lo sexual.

    Esto último, afirman especialistas, se convirtió en una suerte de mandato más (o reemplazó a los anteriores). “Existen diferencias en la psicología de la mujer con respecto a la del varón, como la tendencia a entablar relaciones interpersonales, a tener más en cuenta las emociones propias, así como las ajenas, a prestar más atención al contexto, al proceso, a los detalles, y no únicamente al logro del objetivo”, dice de la Torre. “Por todo esto –añade–, convertir la relación sexual en la mujer como un proceso simple, automático y aislado supone una tarea más difícil que para el hombre”.

    Intimidad emocional

    En la sexualidad femenina o masculina, existen diferencias que van más allá de los condicionantes genéticos y biológicos. Con respecto al acceso al deseo sexual y al placer, en la mujer influyen muchas más variables que en el varón que determinarán si se alcanza el placer sexual o no. “Como por ejemplo el estado anímico, el estrés, las preocupaciones, la pareja, la confianza, la excitación alcanzada, el ambiente, la intimidad, su autoestima”, enumera Alejandra Martínez de la Torre, psicóloga clínica del Departamento de Salud Mental del IMC.

    En el caso de una mujer que se encuentra en una relación estable, en la que ya no rige únicamente la emoción de la pasión, deslumbramiento y exploración de lo nuevo, aparecen otros elementos que parecen determinantes a la hora de lograr relaciones sexuales gratificantes. “Además de la pasión, el compromiso y la confianza, la intimidad emocional hace referencia al mutuo conocimiento, la complicidad y unión recíproca que otorgan a la mujer un ambiente confortable y confiable que le permite desplegar sus deseos y necesidades, logrando el acceso al placer sexual”, aclara Martínez de la Torre.

    “Es en la intimidad donde prevalece la confianza, el respeto, predisposición, compromiso y comunicación. Son los elementos trascendentes en la sexualidad femenina satisfactoria que mantiene el apego a su pareja, pero habiendo salido de la etapa de enamoramiento”, dice Belén.

    Los especialistas señalan que la ausencia de deseo no obedece necesariamente a una disfunción sexual. “Puede ser la expresión de sobreocupación, preocupación, estrés o síntoma de una patología determinada, no ginecológica, por ejemplo anemia”, indican.

    Entre las disfunciones sexuales se mencionan: el deseo sexual hipoactivo o ausente; la inexistencia de fantasías sexuales y deseo de actividad sexual; el trastorno de excitación sexual femenina, que es una incapacidad persistente o recurrente para mantener y completar la actividad sexual; la falta de lubricación adecuada como respuesta a la excitación, y el trastorno del orgasmo femenino (retraso o ausencia), después de una fase de excitación normal. También pueden mencionarse la dispareunia, que es un dolor genital recurrente o persistente asociado con el coito y que no está exclusivamente relacionado con la falta de lubricación, sino que puede obedecer a cuestiones psicológicas, efecto de alguna sustancia o enfermedad.

    Otra alteración es el denominado “vaginismo”, que se presenta como una dificultad persistente o recurrente de conseguir la entrada en la vagina del pene, un dedo o algún objeto (espéculo) a pesar del deseo de la mujer de aceptarlo y habiendo descartado anomalías físicas. “Esto es generado por una contracción involuntaria de los músculos que rodean la entrada a la vagina”, describe Belén.

    Deseo

    El deseo no precede, necesariamente, a la estimulación o excitación sexual. “La falta de deseo sexual espontáneo se considera normal y no disfuncional, a diferencia de los modelos tradicionales de la respuesta sexual”, dice Belén. Que la mujer se implique en la relación sexual y en la estimulación no significa necesariamente que se encuentre excitada. “Su capacidad para ser excitada (su excitabilidad) puede verse influida por factores como el miedo a las enfermedades de transmisión sexual, las experiencias sexuales negativas o de abusos del pasado, la contracepción inadecuada y una mala consideración de su imagen corporal”, analiza Belén.

    Como en todo, el tipo de estimulación, el tiempo para llegar a la excitación y el contexto en que se produce, son rasgos individuales.

    Etapas claves en la relación sexual

    “No me lubrico porque me faltan o debo tener un problema de hormonas”, es otra de las falsas afirmaciones que Raúl Belén recuerda como habituales. “En la mayoría de los casos, la sequedad o falta de lubricación que advierten algunas mujeres en la relación sexual son una expresión de modificación de su fase de excitación que genera la lubricación en la mujer y la erección en el hombre”, asevera Belén.

    Consultas habituales en el consultorio

    La ginecóloga Amelia Kornstein de Farré, del servicio de Ginecología y Menopausia del IMC, explica que el flujo genital femenino es fuente habitual de consulta, ya sea porque sienta prurito, por aumento de la cantidad o por variación del olor.

    El dolor y la disminución del deseo sexual son otras inquietudes. Generalmente se atribuye al cansancio, cuando es algo más relacionado con la intimidad de la pareja.

    Fuente: La Voz del Interior.

    Rosana Guerra.

     

     

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